☆...→CααριιτuuLσσ♥3 ...☆
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Nick: ¡¡Hermano la ambulancia está por llegar!! - Agachándose al lado de aquella muchacha.
Joe: - Sin apenas sentirlo de sus ojos salió una lagrima tras cerrarlos lentamente. Esa lagrima logro caer sobre la mejilla de aquella chica de rostro angelical.
Nick: ¡¡Joe!! ¡¡Joe!! - Haciendolo reaccionar dándole pequeños golpes en el hombro.
Joe: - Abrió los ojos llenos de agustía y contemplo como aquella chica... seguía recostada sobre sus brazos - Ella, ella... - Te miraba una y otra vez -
Nick: Pero Joe, ¿qué te ocurre?
Joe:
El sonido de la ambulancia, entró por mis oidos tan rápidamente, que reaccione lo más rápido que pude para hacerles ver que era allí donde se encontraba la chica herida. Levante mi mano, moviendola agitadamente, con cierta desesperación.
Mientras los ojos de Nick, estaban clavados en esa hermosa chica y de nuevo me miraba, intentando adivinar que es lo que ocurría ahí. El "porque" de mi angustía, de mi reacción con ella.
Enfermera: ¡Disculpen! - Se metía entre la gente que rodeaba la situación - Deben apartarse. Vamos, alejense.
Joe:
Su cuerpo, sin vida, insconsciente, era trasladado a una camilla. Alli le pusierón con rápidez, varias gomas que inyectaban en sus brazos. Y una mascarilla de respiración artificial en su rostro. Tras eso, la subierón a la ambulancia y prendierón las luces de urgencia. Desapareció. Cómo desaparecí yo, aquella vez.
Aún arrodillado en el asfalto, eche las manos a la cabeza, temblando. Atormentándome por lo ocurrido. Lloraba con desesperación. Hasta que sentí como Nick me ofrecía su mano, y me decía que no había nada que hacer. Que debíamos irnos.
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3 meses despés.
7:00pm - Hospital La Esperanza, Los Ángeles.
Tú:
Giré despacio el pomo de la puerta y empuje con suavidad. Asome la cabeza y miré a un lado y a otro del pasillo. Las visitas se habían marchado y el silencio era casi total. Arrastre mi pierna hacia el exterior, apoyándome en el quicio de madera. Sentí un leve pinchazo en el tobillo y no pude contener una exclamación de dolor.
¡Quejica! - Se burló, Marilú. La joven enfermera que me había atendido después de mi accidente y que en ese momento caminaba por el pasillo con un montón de carpetas.
Tú: Si te doliese a ti..
Marilú: ¿Te ayudo?
Tú: No, gracias. Ya puedo moverme sola. No soy una inválida. Si quieres, hasta te llevo alguna carpeta.
Marilú: ¡Qué valiente!
Tú: El doctor me ha dicho que ande. Quiero que pronto me dé el alta.
Marilú: ¡Qué ganas tienes de perderme de vista!
Tú: A ti no. Eres.. La mejor enfermera del mundo.
Marilú rió con ganas. Me dio unas cuantas carpetas y me cogió del brazo.
Marilú: Tú, no es que seas la mejor paciente del mundo, pero.. se te puede soportar.
Tú: Estoy deseando volver a la calle. Sentir de nuevo el aire contaminado, el ruido.. No sé, esas cosas.
Marilú: Pero si sólo llevas tres días consciente..
Tú: ¡Tres días! ¡Una eternidad!
Marilú: ¡Exagerada! Y, ¿ya vinierón tus familiares?
Tú: ¿Mis familiares?
Mi vista se nublo. Y me paré en seco. Marilú me ayudo y nos sentemos en los asientos azules que habían en el lateral del pasillo.
Tú: Verás. Aunque durante estos días intente recordar quien eran mis familiares, no lo he logrado. Mi mente sigue en blanco, respecto a mi pasado. Lo único que sé es que te conozco a ti. Y, a veces, recuerdo a un señor. Creo, que me visitaba cuando yo aún no estaba consciente del todo.
Marilú: Eso es terrible.
De pronto, la última puerta del pasillo, la que dividía los dos pabellones, se entreabrió y por la rendija asomó un rostro anguloso, con unas gafas milagrosamente sujetas en la punta de su nariz.
¡Ejem! - Carraspeo aquel rostro anguloso - ¿Qué sucede aquí?
Marilú se separó de mí, sujetándome siempre del brazo por miedo a que pudiera perder el equilibrio.
Tú: Disculpe, doctor, es que..
Y al golpe de levantarse, Marilú, no consiguió sujetar las carpetas, que callerón al suelo con estrépito.
Aquel rostro anguloso, abrió los ojos como platos. Y yo me dirigí hacía él.
Tú: El Doctor Hernández me ha dicho que ande. Es parte de mi rehabilitación. Marilú me estaba ayudando.
El doctor volvió a carraspear y desapareció tras la puerta, que volvió a cerrarse lentamente.
Marilú me apoyó sobre la pared. Luego, se agachó y comenzó a recoger las carpetas con rápidez.
Marilú: Acabarán echándome del hospital - Se quejaba.
Tú: A ti no pueden echarte del hospital.
Marilú: ¿Ah, no? Tú no conoces al Doctor Berbel. Es un chinche. Además, no soy fija todavía, y este hospital tiene unas normas muy rígidas. Si no las cumples al pie de la letra, a la calle.
Tú: Se ha creído que me estabas ayudando.
Marilú: - Termino de recoger las carpetas - Si hubiera sido otro, pero el Doctor Berbel..
Tú: ¿A dónde vas?
Marilú: Tengo que dejar estas carpetas en la sala de enfermeras.
Tú: Te acompaño.
Marilú: ¿Quieres ponerme en otro compromiso?
Tú: Seré buena. - Juntaste tus manos en gesto de suplica - Por favor, déjame ir contigo.
Marilú: Anda, vamos. Pero yo llevaré las carpetas. Apóyate en mi hombro.
Atravesamos el pasillo, y al llegar a la puerta que dividía los pabellones nos detuvimos un momento. Marilú abrió una de las hojas y entró de espaldas.
Marilú: Pasa. Yo sujetare la puerta.
Me agarré al marco y traspasé el umbral, golpeándome de refilón con la hoja que permanecía cerrada.
Tú: ¡Ay! - Exclamé.
Marilú: Ten cuidado.
Tú: No te preocupes. Me he golpeado en la pierna buena.
Marilú movió la cabeza de un lado a otro, sonrió ampliamente y me ofreció su hombro.
Poco antes de llegar a la sala de enfermeras, vimos cómo la puerta metálica de uno de los ascensores se abría. Salió primero el Doctor Hernández y luego conversando con él, un señor, de cabello lacio con ondulaciones en las puntas, color café. Bastante atractivo. Calculo que debe tener entre unos 25 años, más o menos.
Allí hicimos una pausa y escuchemos parte de la conversación.
Señor: Pero, ¿tiene solución?
Doctor H.: Tal vez, si. Pero deberá ser paciente. Todo a su tiempo.
Señor: ¿Puedo hacer algo para ayudar?
Doctor H.: En este momento estamos buscando un profesional para su recuperación.
Señor: Yo. Yo puedo ser ese profesional. Sabe que amo mi profesión, y me encantaría ayudar a esta muchacha.
Miré a Marilú.
Tú: ¿De quién hablan?
Marilú: Creo que se trata de ti.
Tú: ¿De mí? Yo no necesitó un psicólogo. ¡No estoy loca!
Marilú: ¡Cálmate! Que necesites el tratamiento de un psicólogo, no es necesariamente porque estés loca. Supongo y este doctor te ayudara a recuperar tu memoria. Además, es muy guapo.
Tú: Si, si. Ahora no estoy para pensar en sí es guapo o no. Aunque mirando el lado positivo, ya que creo que pasaré mucho tiempo con él, mejor si agrada la vista. Pero supongo que un señor así, tan elegante y atractivo, debe tener una esposa. Y, tal vez, hasta hijos.
Marilú: ¡Hala! Tú sí que pareces una psicóloga. - Soltaba una carcajada.
Después de eso, Marilú me acompañó hasta mi habitación. Dónde me acomodo la cama y me ayudó a tumbarme.
Marilú: Ahora, es el momento de descansar. Nada de salidas.
Tú: - Negabas con la cabeza, con rostro angelical -
Marilú: ¿Me has oído?
Tú: Si. Nada de salidas. Solo descansar.
Marilú: ¡Ajam!
Tú:
Marilú, me cubrió con las cobijas. Después salió de la habitación con cierto cansancio.
Sin saber porque no conseguia dormirme, daba miles de veltas sobre la cama y nada. Hasta que, con cuidado, sujetando mi pierna con mis manos, la saque de la cama y luego todo mi cuerpo. Dando pequeños pasos, cojeando, llegué hasta la puerta, abrí el pomo lentamente y salí al gran pasillo.
Recorrí todo el pasillo, hasta que escuche unas voces. Provenian de la sala de enfermeras. Me acerqué con mucho cuidado. Pero en este caso el cuidado no sirvió. Adoptando posturas extrañas no logré mantener el equilibrio y caí al suelo.
Alguien desde la sala me escuchó y salió para ver lo ocurrido. Al verme, sus ojos se abrierón como platos. Y mi corazón comenzó a palpitar con más rápidez. Él con mucha elegancia, me ofreció su mano. La que yo no tarde en aceptar, con algo de nervios.
¿Te hiciste daño? - Seguia sujetandote por el brazo, por miedo de que perdieras el equilibrio de nuevo.
Tú: No, no. Estoy perfectamente.
¿Lo dices enserio?
Tú: Si. Incluso podría hasta bailar.
¡Hala!
Tú: ¿Qué no?
Lo tomé por la cintura y, con la pierna a rastras, inicié unos pasos de baile.
Tú: ¿Te gusta el vals o prefieres el rock and roll?
No seas loca, te vas a hacer daño - No podía contener la risa.
Tú: Eso es porque aún no me conoces. - Sonreias ampliamente.
Espero y pueda conocerte más.
Tú: ______. Así me llamó.
Doctor Joe Jonas, para servirle. - Estrechó tu mano.
En ese momento, quedaste pensativa. ¿Doctor Joe Jonas? ¿Dónde lo escuche antes?
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☆¿De dónde has escuchado antes "Doctor Joe Jonas"?
☆¿Quién será tu psicologo?
☆¿Te recuperaras de tu pie?
☆¿Recuperaras la memoria?
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¡¡Chicas!! ¡¡Chicas!!
¡Volvi!
¡Siica volvió! ^^
Y esta vez, para quedarme definitivamente.
Con esto les digo que continuare la novela a seguido. Antes no me fue posible, pero ahora, ¡si que si! =P
¿Les gusto? Espero y ¡sí!
¡Ay! Chicas estoy mega feliz, osea, "38 comentarios". Uff, nunca creí que esta novela fuese a tener tanta acogida. ¡Les agradezco infinitamente!
Como han podido ver, intento pasar cada que puedo por sus novelas y ponerme al día. Esto me lleva ¡días! Enserio. Son muchas mis chicas. JaaJaa xD. Pero les aseguro que las sigo, que cada capitulo que me pierdo, luego lo leo. ¡Adoro sus novelas!
Bueno, también les aviso que ahora en esta novela subiré los miercoles. Sí, por algo puedo subir antes de llegar al miercoles de cada semana, yo les aviso ¿si?
Aqui tienen una cita cada miercoles. ^^
De nuevo..
¡¡Gracias!!
¡¡Muchas gracias!!
[.CuiiDeenSee.]
[.Laas QiiieeeRooo(LL)*.]
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